Que tu dinero piense como tú

En los últimos meses se han cruzado en mi camino una serie de vídeos, documentos y artículos donde se me interpelaba directamente: ¿qué se hace con mi dinero cuando está en el banco?

Siempre he tendido a pensar que el modelo de cajas (donde parte de sus dividendos deben destinarse a fines sociales) era mucho más beneficioso para el conjunto de la sociedad que el de los bancos, y por ello me entristezco al ver que se destruye este modelo: las cajas se fusionan para no desaparecer y los bancos las absorben.

Todo esto me ha llevado a plantearme cómo ejercer un control responsable sobre el dinero que decido ahorrar.

A menudo (algunos) intentamos vivir consecuentemente a nuestras ideas, pero a pesar de ello, nuestros actos favorecen situaciones que aborrecemos: estamos en contra de la esclavitud, pero compramos camisetas a 5 euros en grandes superficies; estamos en contra del calentamiento global, pero usamos el avión cuando podemos usar el tren; solemos reciclar, pero compramos comida innecesariamente sobre-envasada en plástico… y finalmente estamos en contra de la actitud de muchas empresas y ciertos sectores de producción, pero los subvencionamos con nuestro dinero.

Cuando empecé a leer que mi banco invertía mi dinero en fabricación de munición de armas ligeras que se vendía a África, en empresas que convierten la vida de los agricultores sudamericanos en un infierno, en empresas que se dedican a la especulación inmobiliaria produciendo muchísima pobreza en mi propio país…eso sin contar con los movimientos especuladores de los propios bancos como motor de la pobreza global y fuente de la desestabilización de los últimos tres años, me plantee: “¿cómo puedo estar tan tranquilo con todo esto y hacer la vista gorda, simplemente porque me dé un X% de rentabilidad por mis ahorros?“.

Empecé a investigar alternativas (¿saco mi dinero del banco como proponía Eric Cantoná?  ¿Lo invierto directamente – como accionista – en empresas en las que creo?) y buscando descubrí el concepto de banca ética. No me voy a extender en definir este concepto (dejo un enlace), ya que no soy ningún experto económico, pero básicamente es un sistema bancario donde todas las inversiones se realizan en empresas y proyectos que tengan un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

Hay diversos bancos que funcionan así, pero el que más me ha sorprendido (y en el que he abierto una cuenta) se llama Triodos. Este banco invierte en proyectos sostenibles, que sean positivos para la sociedad, apuesta por proyectos de integración de discapacitados, igualdad de género, proyectos culturales, apoya a emprendedores que crean en la agricultura ecológica, sostiene cooperativas, apoya las energías renovables, manteniendo además un interés bastante decente…en fin, era lo que buscaba.

La cuestión es, con lo poco que cuesta abrir una cuenta (te mandan un formulario a casa y mandas tus datos y una fotocopia del dni), ¿no es absurdo pasar un día más siendo participes de un circo con el que no estamos de acuerdo? ¿No pensáis que esta es una forma sencilla y genial de marcar la diferencia con nuestros actos?

Creo sinceramente que son pequeñas decisiones como ésta, pequeños cambios, los que hacen cambiar las cosas: aportar con nuestros gestos diarios un cambio en nuestro entorno, un cambio que no llegará de la noche a la mañana, sino gracias a los pequeños granos de arena que realmente marcan la diferencia.  Y es por ello que lo comparto con vosotros: para que cada vez más personas apuesten por un cambio positivo.

Espero vuestros comentarios, y si os ha gustado, compartidlo.

Un saludo,

Juan Fernández

[Créditos de las imágenes: img1 & img2]

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La gran desinformación

Pues sí que hacía ya un tiempo que no escribía un artículo. Viajes de trabajo, las vaciones de Navidad… en fin, que “ha sido complicado”, pero la verdad es que eso sólo son excusas, por que en realidad tenía en mente escribir de nuevo en el blog: la cuestión es que no encontraba la inspiración o el tema adecuado.

Han sucedido últimamente muchas cosas interesantes sobre las que hablar (rebelión en Argelia y Egipto, recortes sociales impuestos por el FMI en Europa, Islandia que se niega a pagar la deuda y encarcela a su banqueros…ya hablaremos de ello), sin embargo lo que me ha hecho sentarme de nuevo al teclado es algo que me sucedió el domingo pasado.

Os cuento: se dio la circunstancia de que tenía que esperar una hora en un lugar y decidí comprar un periódico, del que me dió tiempo a leer los titulares, un vistazo rápido de los artículos (pasando la vista por encima) y me dió tiempo de leer al completo cuatro o cinco artículos que llamaron mi atención. Eso es todo. Aparte de esto, por la noche vi las noticias en la televisión, donde en unos 25 minutos se trataron unas 15 noticias (¿unos dos minutos por noticia?) y antes de dormir, durante unos 15 minutos, di un repaso rápido a noticias internacionales en una web de noticias independientes que suelo seguir. Conclusión: había pasado en un día casi dos horas recibiendo “información” sobre la situación global y sin embargo me di cuenta de que no sería capaz de sentarme a escribir 30 líneas dando mi opinión fundada sobre lo que había leído.

Podéis pensar “claro, es que no prestas atención a lo que lees” o “es que eres un poco torpe y no sabes extraer de los medios la información real”… puede ser culpa mía, no digo que no, sin embargo, cada vez que escribo un artículo sobre un tema político, social, económico o de pensamiento, paso varias semanas documentándome, leyendo opiniones a favor y en contra, contrastando fuentes, todo ello para poder lanzarme a dar mi opinión sobre un tema en concreto sin caer en la manipulación de un periódico, una web o donde sea que se lanza la noticia. Creo que la distancia que hay entre el titular y la realidad es inmensa, y esa distancia me abruma y me preocupa.

Estamos todo el día expuestos a información, a noticias, ¡tenemos libertad de expresión!, escuchamos a un bando y a otro en la televisión, sin embargo, para hacerse una idea medianamente real de lo que nos rodea debemos hacer un importante esfuerzo intelectual de estudio e investigación, porque si no, caemos en los círculos “baratos” de manipulación.

¿No os parece terrible esta idea? Me refiero al hecho de que a diario nos decantamos por una idea u otra, compramos una cosa u otra, votamos a uno u otro, etcétera, pero a la vez nos damos cuenta de que para realizar dichas acciones con conocimiento de causa deberíamos dedicar horas de estudio a la causa concreta.

Esta idea espanta cuando te paras a pensarlo fríamente, porque descubre la facilidad con la que se puede manipular la opinión pública: nadie (en general) se para a pensar las cosas con detenimiento, ya que todo a nuestro alrededor impone una velocidad vital y un consumismo aplicado también a las comunicaciones que impide el análisis de la información: da un poco de miedo. ¿Puede ser que la avalancha de información que ingerimos a diario sea una forma de mantenernos desinformados?

Imaginemos por un instante una noticia bomba (inventemos que, por ejemplo, el gobierno decide que todos los españoles tienen que trabajar dos años más… – oh, wait! – ): la publicamos y al día siguiente, y al siguiente y al siguiente, sigo sacando montañas de otros titulares no relacionados, y si puede ser, un poco polémicos (Sinde…). ¿No es esto una forma de ocultar el impacto de las decisiones que se toman a nuestras espaldas?

Sé que la gente no se plantea este tipo de cosas en su día a día, (“sería para volverse loco”), pero para los que lo sentimos así (¿hay alguien más ahí?) es una fuente contínua de dos cosas: desconfianza a lo que escuchas (sabes que siempre hay otra forma de ver todo) y a la vez invitación a profundizar en las cosas que se dan por hecho en nuestra sociedad, de ahí el origen de este blog.

En fin, primer planteamiento del 2011.
¿Ideas, opiniones, insultos? Estoy deseando escuchar lo que pensáis al respecto
Un saludo,
Juan Fernández

Créditos imágenes: imagen 1 –  imagen 2

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Sobre el conflicto saharaui

Asistimos estos días a una avalancha de noticias relacionadas con el Sáhara, donde los políticos se atacan unos a otros usando el conflicto como herramienta electoral (¿como todos los conflictos?), pero en pocos medios se hace un análisis de qué ocurre, de qué forma nos afecta, y cuál es nuestro papel en el conflicto.

 

La cuestión saharaui es una de esas en las que nunca me he parado a pensar demasiado, sobre todo porque no me había molestado en estudiar el conflicto para entender las raíces: es por ello que he estado estudiando el asunto para compartirlo con aquellos que sientan un poco de interés por saber qué ocurre en estas tierras no tan lejanas.

 

Me parece absurdo pretender comprender un conflicto sin conocer un poco su historia. No soy ningún especialista, así que haré una “visita relámpago” a la historia del conflicto desde la colonización española.

 

Podríamos resumir que los colonizadores españoles llegan al Sáhara en 1476. Debido a la riqueza de la zona, el Sáhara se convierte en colonia española. Varios siglos después, y tras la guerra hispano-marroquí (que termina en 1860), España se adueña oficialmente de Tetuán y el Sáhara. En 1975, con la marcha verde, Marruecos se apodera de los territorios saharauis, España abandona los territorios saharauis con un compromiso de impulsar su independencia frente a Marruecos, pero todo quedó en agua de borrajas y desde entonces Marruecos ha ejercido el control total sobre el territorio saharaui.

 

¿Qué quiere Marruecos (¿y qué quería España?) de esa tierra? Principalmente las minas de fosfato (Marruecos es el mayor exportador de fosfatos del mundo, con un 75% de los recursos globales) y los bancos de pesca, uno de los mayores del mundo. También entra en juego el petróleo en la zona.

 

Las minas están en territorio perteneciente a los saharauis y estas minas suponen un porcentaje tan alto en la balanza económica nacional marroquí que jamás accederá a ceder el terreno al Frente Polisario (movimiento de liberación nacional del Sahara Occidental): es por ello que no duda en realizar las acciones que considere necesarias para mantener su hegemonía en la zona, aunque ello suponga lo que hemos estado escuchando estas últimas semanas: violaciones de militares a las mujeres, torturas, amputaciones y asesinatos a los hombres… hasta se filtró que habían atado a un niño de tres años a un jeep y lo habían arrastrado hasta despellejarlo.

 

¿Y por qué no se hace nada contra estos atropellos? Pues la verdad es que tiene una sencilla explicación: tenemos TANTOS intereses económicos y sociales en Marruecos (sobre todo España, Francia y Estados Unidos), que no nos interesa para nada forzar nuestras relaciones con Marruecos con la intención de que esto cambie.

 

A nivel político puede suponer “cierta molestia” (ahora se tienen que poner todos los políticos a lavar su fachada de cara a la opinión pública), pero la realidad es que no hay ninguna duda de las intenciones a nivel de estado. Y digo a nivel de estado porque esto es transparente a la marioneta de turno que habite en La Moncloa o de la ideología (¿?) de cada partido.

 

En este tipo de situaciones es donde se pone de manifiesto el engaño de la democracia, ya que quien manda son los grandes empresarios (el ICEX – Instituto de Comercio Exterior – publicó en 2009 un documento de **100 páginas** con el lista de empresas españolas con oficinas y negocios en Marruecos. Para hacerse una idea.) y otras fuerzas superiores.

 

¿Superiores? ¿Quién puede estar interesado en esto, por motivos no directamente empresariales? Pues me explico: Marruecos es la potencia controladora de la inmigración africana, es el perro guardián de Europa. Si Marruecos abre las puertas y hace la vista gorda a la inmigración subsahariana, España (y por lo tanto Europa) se vería instantáneamente desbordada por una inmigración descontrolada.

A todos los europeos nos interesa que haya alguien a quien no le importe demasiado los detalles tales como los derechos humanos vigilando la puerta. Y si además nos compra las armas a nosotros, mejor que mejor (50 millones de euros en compra de armamento español el año pasado).

 

Además, para los Estados Unidos, Marruecos es la puerta de entrada a África. Estratégicamente es sumamente interesante (punto de acceso al control económico y militar del continente), por lo que EEUU apoya militarmente a Marruecos (venta de armas y entrenamiento de militares) y respalda su intervención en el Sáhara.

 

Marruecos es para EEUU un aliado estratégico mucho mejor que España y Portugal, ya que no tiene los problemas sociales que provoca su presencia en la península, por lo que para cualquier país plantar cara a Marruecos es desafiar a Estados Unidos, ni más ni menos.

 

Después de analizar la situación se me cruzan varios sentimientos, el primero es que creo que es muy importante que se denuncien las agresiones a los Derechos Humanos perpetradas por parte de Marruecos, que haya información de lo que ocurre y que a nivel global se haga presión sobre Marruecos, pero también me planteo ¿a quién dirigirse para hacer esa denuncia? ¿A una Europa que está interesada en su continuidad?¿A unos EEUU que los apoya abiertamente? Tengo un escepticismo enorme en la utilidad de las protestas que estamos llevando a cabo, aunque las apoye de todo corazón, de verdad.

 

Y por otro lado me duele la hipocresía imperante en nuestra sociedad, ya que muchos nos planteamos que menuda barbaridad lo que están haciendo los marroquíes a los “pobrecitos saharauis”, pero ¿estamos realmente dispuestos a renunciar a todo lo que tenemos que renunciar por cortar nuestras relaciones con Marruecos?.

 

Si para proteger a los saharauis de una vez por todas de estos atropellos debemos cortar nuestras relaciones comerciales con Marruecos, proteger nosotros mismos nuestras fronteras, rechazar tener nuestros teleoperadores en Marruecos, no poder pescar en sus aguas, rechazar la posibilidad de acceder a las explotaciones mineras y petrolíferas, ¿lo haríamos?.

 

Si a cada español le ofrecieran salvar a los saharauis o cobrar 400€ menos al mes, me gustaría ver dónde quedaban las defensas de los derechos humanos.

 

En fin, muy delicado asunto.
Espero vuestros comentarios, propuestas, insultos, etcétera.
Un saludo,
Juan Fernández

 

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[Créditos de las imágenes: imagen 1, imagen 2, imagen3]
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Sobre los niños soldado

Hoy he tenido la oportunidad de asistir a una conferencia de Chema Caballero, misionero javeriano que lleva trabajando en Sierra Leona desde 1992.

Sierra Leona vivió uno de los mayores y más sangrientos conflictos que ha vivido África, donde las tropas se descuartizaban por el control de las minas de diamantes y no dudaban en arrasar aldeas y ciudades completas para conseguirlo. Tras cada una de esas masacres, los niños y niñas eran secuestrados para ser usados como esclavos y luego adiestrados como soldados. Las ñiñas se convertían además en esclavas sexuales de los soldados.

¿Y por qué los niños? Secuestraban a los niños por que son más fáciles de manipular, de convencer, de engañar para que hagan las cosas más salvajes. Para que estos chicos se olvidaran de escaparse, los soldados tenían un método muy simple: cuando un niño piensa en escapar, ¿a dónde piensa ir? Con su familia. Los soldados les hacían matar a su padre o a su madre para que así la vergüenza y la deshonra les impidieran volver a casa, así que ¿dónde iban a ir? Forma maquiavélica de esclavizar de por vida a estos chicos.

Estos chicos, una vez terminó el conflicto, estaban abocados a las drogas, la violencia, la delincuencia, las chicas a la prostitución…

Este misionero y otros como él, así como diversas organizaciones han dedicado todo su esfuerzo en recuperar a estos chicos de la calle para darles un futuro, una profesión, ayudarles a llevar una vida normal, tener una familia e hijos: ha sido una tarea ardua pero totalmente encomiable.

Sin embargo, tal y como dice Chema Caballero “nosotros sólo ponemos un parche en una situación global que da miedo“.

Caballero se plantea “si hay niños soldado (que se estiman en unos 500.000 en todo el mundo) es porque hay guerra. Si hay guerra es porque el país tiene un recurso natural valioso (el **100%** de los conflictos armados en el planeta se dan en países con recursos naturales que son valiosos para occidente, como diamantes, petróleo o coltan), y si hay una guerra por recursos naturales es para el beneficio económico SIEMPRE de una potencia occidental“.
Este planteamiento borra de un plumazo el pensamiento que se nos cruza a muchos de “¿y a mí qué me importa lo que pasa en África?“, ya que somos nosotros los causantes directos de la pobreza, el hambre y las guerras que se dan en el mundo, aprovechándonos de los que tienen los recursos a cualquier coste.

Cierro el artículo con un dato y una anécdota.

El dato: España es el primer vendedor de armas ligeras y munición a todo el continente africano, siendo la armamentística la industria que menos ha sufrido con la crisis.

La anécdota (espeluznante): contaba Chema Caballero que le se acercó un ex-chico soldado y le preguntó “pero ¿para qué quieren los blancos los diamantes?“, a lo que él, después de pararse a pensar, contestó “pues cuando un chico blanco quiere mucho a una chica y tiene mucho dinero, le regala un anillo con un diamante para decirle cuánto la quiere“. El chico se quedó con los ojos como platos y le dijo: “¿para que dos personas se quieran tuve yo que desmembrar a mi madre?
Espero al menos haber transmitido mi punto de vista al respecto

Un saludo,

Juan Fernández

[Créditos de las imágenes: imagen 1,   imagen 2]

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Reescribiendo la economía global: el capitalismo social

Se hace patente en nuestros días el estrepitoso fracaso del capitalismo como sistema económico predominante. A nivel económico, la crisis actual es la mejor muestra de los profundos problemas que había ocultos en su estructura, y a nivel humano, dos tercios de la humanidad se mueren de hambre mientras el otro tercio consume y derrocha a niveles vergonzosos.

El capitalismo se centra en la búsqueda de un aumento contínuo del beneficio, pero hay un punto que se deja atrás: el hombre. El capitalismo considera y valora a la persona en base a su capacidad de producir y de consumir, y se olvida del valor intrínseco de toda persona más allá de lo que posea o pueda generar. Se ha olvidado de que el hombre no es un ser monodimensional, cuyo único fin sea el dinero.

En estos momentos de crisis y de cambio global surgen propuestas de cambio, ya que las crisis históricamente son el mejor momento para actuar, para buscar una alternativa. Una de esas ideas que han surgido es el capitalismo social: la nueva forma de capitalismo que se centra en cubrir las necesidades más acuciantes de la raza humana.

Actualmente las empresas se centran en maximizar beneficios a toda costa, y por otro lado se invierten cientos de miles de millones de dólares al año en ayuda humanitaria que es tan efectiva como una tirita para un enfermo que necesita una intervención quirúrjica urgente.

Quiero dejar claro que no estoy en contra de la beneficiencia y la ayuda humanitaria (creo que son algo necesario para cubrir las necesidades inmediatas), pero este tipo de ayudas no suponen un cambio en el modelo global actual, un cambio de paradigma, que es precisamente lo que necesitamos, sino la aceptación de las cosas tal y como son, sin una búsqueda de solución a largo plazo.

Enfoncado a ese cambio de mentalidad aparece el capitalismo social, un nuevo enfoque del mundo empresarial donde el ser humano está al centro del sistema: donde el dinero está al servicio del hombre, no el hombre al servicio del dinero.

Las empresas sociales son proyectos empresariales económicamente sostenibles que son creadas para resolver o aliviar un problema social, sin tener como objetivo maximizar los beneficios, sino maximizar el impacto social.

Este nuevo tipo de empresas cambia la caridad por justicia, reduce las diferencias sociales, mejora la calidad de vida de toda la sociedad y no sólo de unos pocos… y lo mejor de todo esto es que no es una teoría utópica e impracticable, sino que ya hay universidades enseñando al respecto, muchos proyectos empresariales poniendo en práctica estas directrices, toda una avalancha de emprendedores que globalmente se plantean cuestiones como “¿Cómo puedo poner mis capacidades emprendedoras y mis aptitudes profesionales al servicio de la humanidad?“.

Un de los retos de las empresas sociales es que deben ofrecer sus productos o servicios a precios asequibles para los más pobres, conseguir cubrir con los gastos de la empresa y todo el beneficio adicional obtenido, en lugar de repartirlo entre los socios e inversores y directivos, debe ser siempre reinvertido en el crecimiento y mejora de la propia empresa, de forma que el beneficiario final sea siempre la comunidad.

¿Significa esto que un empresario no puede vivir de su proyecto empresarial? En absoluto, un salario por el trabajo realizado es de justicia, pero un salario justo no es precisamente lo que tienen muchos empresarios hoy en día.

¿Y qué hay de los inversores? Las inversiones que se hagan en este tipo de empresas no podrán generara beneficios (dividendos o intereses), tan sólo podrán devolver el dinero invertido una vez la empresa haya salido adelante. La cuestión es clara: si piensas lucrarte, tu inversión no cabe en una empresa social. Si tu objetivo es poner tu dinero al servicio de un bien social, éste será siempre bienvenido y servirá para poner en marcha proyectos que no se medirán por su ROI o su rentabilidad, sino por su impacto social: por el bien social causado.

Pero ¿entrará en conflicto con el sistema capitalista actual? No. Un capitalismo social teniendo lugar en paralelo al capitalismo actual no lo destruye, sino que lo perfecciona, lo complementa (aunque ojalá en el futuro lo sustituya) porque se centra en la mejora de las condiciones de vida de personas que están fuera del mercado de consumo actual. Cuando estas personas tengan educación, sanidad, acceso a préstamos bancarios, trabajo y el resto de condiciones básicas de lo que conocemos como “clase media”, pasarán a formar parte del mercado global y habremos destruido la pobreza, doblado o triplicado el mercado potencial para cualquier empresa del mundo, ya que todos estarán en condiciones de acceder a los bienes que hoy son inalcanzables para esos dos tercios de la humanidad que luchan por llevarse algo de comida a la boca.

El ideólogo de todo esto es Mohammad Yunus (y lo explica en su libro “Building Social Business“, cuya lectura recomiendo encarecidamente) y él mismo ha puesto en marcha una serie de empresas sociales dentro de su iniciativa empresarial del Grameen Bank.

Yo por mi parte tengo dos proyectos entre manos de los que espero poder hablar pronto y que son el caldo de cultivo perfecto para poner todas estas maravillosas ideas en práctica

¿Y tú?¿Qué harás para cambiar el mañana?

Un saludo,

Juan Fernández

[Créditos de las imágenes: imagen 1, imagen 2, imagen 3]

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Crónica del Primer Congreso de Mentes Brillantes

En los tres días que ha durado el congreso, he vivido una de las experiencias intelectuales más fuertes que podía imaginar.

Han sido tres días de presentaciones, discusiones, preguntas y debates con algunas de las personas más influyentes del pensamiento actual.

Se han tratado temas tan diversos como el hambre, el calentamiento global, las nuevas energías, las tecnologías que se están creando ahora mismo, física, medicina, psicología, neurología, religión,  antropología, armamento, política internacional, libertad de pensamiento… en fin, un planteamiento muy al estilo de los humanistas del renacimiento, que entendían la sabiduría como el conocimiento de todas las ramas del saber y no la especialización en una sola cuestión.

Todas las presentaciones han sido totalmente pedagógicas, de forma que no era necesario ser un experto en la materia para entenderlos: la mayoría de ellos han sido unos oradores excepcionales que han sabido bajar a pie de calle y contarnos en qué trabajan o qué piensan. Además he descubierto lo accesibles que son como personas la mayoría de los ponentes, ya que a lo largo del congreso ha sido posible acercarse a charlar con ellos y hacerles las preguntas personales que tuvieras. ¿En qué otra situación iba yo a tener la posibilidad de discutir con el asesor en cuestiones medioambientales de la Casa Blanca (premio nobel de química, para más inri), charlar con uno de los mayores neurocirujanos del mundo o una de las líderes mundiales de pensamiento del islam?

Antes de ir al congreso, pensaba escribir un solo artículo de blog contando la experiencia vivida, pero ha sido tan rico y tan interesante que he decidido escribir a lo largo de las siguientes semanas un artículo de cada una de las presentaciones que más me han interesado del congreso, y dejar este artículo a modo de resumen, detallando un poco la idea principal de la mayoría de las presentaciones, aun a riesgo de simplificar lo expuesto, para desarrollar más detenidamente sus ideas en artículos posteriores.

El congreso lo abrió Eduardo Punset (abogado, economista y divulgador científico): explicó que “el problema de la desigualdad en la tierra no es la falta de recursos para todos, sino la falta del conocimiento para el uso adecuado de los recursos”. También habló de la sobrevaloración de la razón, cuando realmente son las decisiones irracionales las que dirigen la historia: “la intuición es tan válida como la razón

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Infancia

El detonante de este artículo es la exposición de la fotógrafa Isabel Muñoz que se exhibe estos días en Madrid. La infancia es un tema que la verdad no había tenido en cuenta últimamente a la hora de buscar problemas que son la raíz de la injusticia, y es por ello que me ha parecido algo muy impactante.

En “Infancia” se exhiben una serie de imágenes y textos centrados en la situación de la infancia alrededor del mundo. Níger, Colombia, Chad, India, y en contraposición España, Suecia, Alemania. Las preocupaciones de unos y otros según su nivel de vida y su lugar de nacimiento.

Explotación laboral, sexual, secuestros para la guerrilla, sida y otras enfermedades: éste es el día a día de cientos de miles de niños a nuestro alrededor (no están tan lejos de nosotros como pensamos) y sin embargo no nos llegan sus voces de socorro.

Esta exposición nos acerca sus miradas, pero en muchos de esos ojos no hay dolor (tal vez ya no les queden lágrumas), ni son miradas lastimeras, sino miradas desafiantes. Son miradas dirigidas a nosotros, adultos, a nosotros, primer mundo, pidiendo, exigiendo una explicación.

¿Por qué no pueden estudiar como nosotros?¿Por qué no pueden jugar y vestir como nosotros?¿Por qué no tienen unos zapatos como los de nuestros niños? En estos puntos están en clara desventaja respecto a nosotros y nuestros jóvenes y niños, sin embargo existe algo en lo que nos aventajan, sobre todo a nuestros adolescentes: sueñan con aprender, con cambiar, con crecer como personas. Quieren ser médicos para curar a enfermos, profesores para dar oportunidades que ellos no han recibido, ingenieros para construir unos países con mejores infraestructuras de las que tienen, quieren abrir sus negocios y entre todos construir una situación mejor.

¿Es que sólo aquellos que no tienen nada sueñan con cambiar las cosas?¿Tal vez nacer en el norte entre algodones nos ciega y mata esos sueños?

Nuestra responsabilidad (sí, sí, nuestra responsabilidad) se extiende pues a dos ámbitos: el primero es que los niños en países en vías de desarrollo tengan educación, salud y seguridad; el segundo, que los niños de los países desarrollados tengan sueños, deseos de crecer, de aprender, deseos de proyectos e ilusión por crear un mundo mejor.

Un saludo,
Juan Fernández

[Imágenes por Isabel Muñoz]

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