Sobre el decrecimiento

Hace ya un tiempo que oí hablar sobre el decrecimiento como respuesta al capitalismo insostenible y me parece vital que esta idea, esta forma de ver las cosas, llegue a el mayor número de personas posible.

Pero vayamos por partes, ¿qué es el decrecimiento?
Según la Wikipedia (decrecimiento) el decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular y controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, así como entre los propios seres humanos.

En definitiva, el decrecimiento estudia la forma de parar nuestro sistema de consumo creciente en un entorno de recursos finitos. Si cada año todas las empresas crecen un 2%, los ciudadanos del primer mundo consumen un 2% más, el mundo y sus recursos se degenerará al menos un 2% y los recursos naturales no se reponen a la velocidad a la que los consumimos, llevándonos este esquema de crecimiento a la extinción como especie.

En la universidad de Valencia (artículo) definen el decrecimiento como “aprender a producir valor y felicidad reduciendo el uso de materia y energía”.

Hasta aquí tengo claro que nuestra forma de vida no es sostenible, que provoca cada vez más hambre, más paro, peor situación social en el mundo y la diferencia actual de 20% de la población consumiendo lo que el 80% produce irá creciendo de forma que cada vez habrá menos ricos y más pobres.
La cuestión entonces es ¿sería posible deshacer este esquema mundial para buscar el equilibrio global?

Si no podemos seguir creciendo infinitamente, debemos parar o incluso invertir esta tendencia, es decir, decrecer, pero ¿qué impacto tendría esto en nuestras sociedades?¿sería un cambio posible en la práctica o llegaríamos a un colapso mundial antes de llegar a este equilibrio?

Este cambio supondría un cambio total en la forma de vida de TODAS las personas de nuestro planeta, y sobre todo de los más desarrollados. El primer paso es el de rechazar la idea de “el crecimiento es progreso”, la contínua necesidad de consumir incrustada en nuestras almas a través de la publicidad. Esta “objección al crecimiento” supondría por ejemplo no tener dos o tres coches por familia, sino usar el transporte público o compartir nuestros vehículos, supondría rechazar la última campaña de Vodafone (campaña de vodafone) donde se comprometen a renovar tu movil cada año, supondría olvidarnos de tener una casa en la playa, reducir el consumo de combustible, de recursos energéticos, de alimentos, de productos desechables… en definitiva, sería deshacernos de nuestra condición de consumidores destructivos y convertirnos en consumidores responsables (ver este divertido vídeo de SETEM:  “El ultimatum evolutivo“).

Este tipo de cambio, adecuadamente potenciado a nivel estatal en todos los países desarrollados, sería un paso importantísimo a dar, reduciendo (pongámoslo a ojo…) de un crecimiento interanual del 5% al 2%, pero … ¡seguiríamos creciendo! Aquí es donde encuentro un escollo en la idea del decrecimiento: estamos retrasando el problema, pero no lo estamos resolviendo.

¿Se trata entonces de una propuesta a nivel personal de cambio de mentalidad para retrasar nuestro fin o es realmente algo que puede proporcionar un equilibrio global real?

Personalmente creo que todo lo que hagamos a nivel personal será un paso adelante, pero que no seremos capaces de parar esta maquinaria global actual.

¿Opiniones? Soy todo oídos

Un saludo.

Juan Fernández

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4 respuestas a Sobre el decrecimiento

  1. miki dijo:

    Muy buenas,
    tu artículo empieza de una forma muy interesante. Me gustaría puntualizar algunos aspectos del mismo.
    Dices: “Si cada año todas las empresas crecen un 2%, los ciudadanos del primer mundo consumen un 2% más, el mundo y sus recursos se degenerará al menos un 2% y los recursos naturales no se reponen a la velocidad a la que los consumimos, llevándonos este esquema de crecimiento a la extinción como especie.” Realmente no es del todo exacto. El PIB (que es lo que crece o decrece) da idea de la cantidad de recursos, materia y energía, que se están movilizando, lo cual tiene un impacto ambiental o huella ecológica. La relación no es: el PIB crece un 2% y la naturaleza se degrada un 2%, más o menos. Si nuestro PIB no crece, digamos que contaminamos lo mismo, y seguimos degradando la naturaleza al mismo ritmo (de hecho, cada vez supone un mayor porcentaje, puesto que la capacidad de la naturaleza para absorber nuestros residuos y generar nuestros recursos, es cada vez menor debido a la contaminación, en el sentimo más amplio). Si nuestro PIB crece, nuestra capacidad de contaminar, nuestro impacto ambiental o huella ecológica también crece, por lo que degradamos la naturaleza todavía más. Si nuestro PIB decrece, contaminamos menos, pero seguimos degradando, aunque menos, la naturaleza. A fin de cuentas se trata de cuánto daño le hacemos a la naturaleza y cuál es su capacidad de regenerarse (ver “huella ecológica”).

    Siguiente esta línea de argumentación, no se trata de reducir el crecimiento sino de, en los países sobredesarrollados como el nuestro, empezar a decrecer de forma organizada (es decir, reduciendo la jornada laboral, el consumo, la publicidad… aumentando el tiempo libre, las relaciones sociales…). Sin embargo, en otros países un crecimiento de su PIB será deseable, pero no si sigue la misma dinámica de acumulación de capitales, la misma dinámica de desarrollo competitivo, voraz y basado, cómo no, en el crecimiento mismo. En cada país la solución será diferente. En nuestro país, no se trata entonces de ir más despacio hacia el precipicio (crecer más lentamente) sino de cambiar de rumbo (decrecer).

    Como bien dice el artículo que citas: “aprender a producir valor y felicidad reduciendo el uso de materia y energía”. Reduciendo esto último el PIB decrece y, si lo hace de forma organizada (no como la recesión de las crisis), genera mayor bienestar social e individual.

    En la línea de pensamiento del decrecimiento todavía hay muchas cosas que discutir. Se da importancia a las soluciones locales, en contraposición a un prototipo económico homogéneo en todo el mundo. Por lo tanto, al bajar a aspectos más concretos como modelos del reparto del trabajo y reducción de la jornada laboral, cada comunidad pondrá sus métodos, erróneos o no. Pero se tenderá a respetar estas soluciones locales, variadas y no basadas en la acumulación de riquezas y capital, sino en la satisfacción de las necesidades de la población, tanto a nivel colectivo como individual. Mucho ha de ser dicho sobre el decrecimiento, por lo que cualquier ciudadano medio, está invitado a participar de cómo reestructurar la sociedad, como re-crearla, cómo imaginarla. Suela utópico, pero no lo es: utópico es crecer ilimitadamente en un mundo de recursos limitados.

    Para terminar, me gustaría citar a Mahatma Gandhi: “debemos vivir simplemente para que otros simplemente puedan vivir”. Y es que cuanto mayor sea nuestro trozo del pastel, menor será el trozo del pastel de los otros países.

    Espero haber resuelto alguna duda, si quedan todavía, estaré encantado de intentar contestarlas. Un abrazo!!!

  2. fandez2010 dijo:

    Muchísimas gracias por tu comentario y por tus puntualizaciones, Miki.

    Ayer estuve discutiendo con mi amigo Adrián sobre este tema (fue él quién me descubrió el decrecimiento) y la verdad es que veíamos cómo esta propuesta es algo un poco inviable a escala global, pero sí posible a escala local, como tú bien dices.

    También estoy de acuerdo con que esto es sólo el principio, y que hay mucho por pulir, pero todo lo que se haga en esta dirección siempre será mejor que quedarse simplemente de brazos cruzados, así que ¡movámosnos! 🙂

    Un abrazo
    Juan Fernández

  3. fandez2010 dijo:

    Interesantísimo vídeo relacionado con este asunto: http://www.youtube.com/watch?v=pftudoT5XmI

  4. Antonio dijo:

    Hola:

    Yo señalaría tres caminos para comenzar la marcha, que se encuentran entrelazados:

    Creo que el primer camino está relacionado con la simplicidad voluntaria; intentar vivir al máximo de acuerdo con sus valores, es decir,. una alegría de vivir, un altruismo, una cooperación y apoyo mutuo, un placer en el ocio, un gusto por el trabajo bien hecho, una hospitalidad con el extranjero, una armonía con la naturaleza, un reducir el derroche, una utopía amistosa, un pedir menos, un vivir con cierta austeridad.

    Un segundo camino se establecería mediante las experiencias colectivas, es decir, trabajar e intervenir en diferentes grupos a favor del mantenimiento de la agricultura local, el cooperativismo, las economías alternativas, en contra de las megaobras, etc…

    Un tercer camino implica la deconstrucción teórica del imaginario que sostiene la civilización occidental; y la construcción de los fundamentos de otra civilización fundada en los principios y valores de una naturaleza sabia y en la creatividad de las culturas y los pueblos.

    Salud y alegría

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